Deficiencia de las Costumbres

Hoy me he puesto el bañador al revés en la piscina a la que acudo, desde hace un par de semanas, casi todos los días. Así he estado durante toda mi visita y no me he dado cuenta hasta acceder al solárium, investigando las instalaciones, ya que soy nuevo en el centro. He arrastrado una hamaca y me he tumbado bajo los escasos rayos de sol que asomaban en el cielo de este mediodía valenciano. Y, al instante, he advertido que mi bañador formaba bolsas y la etiqueta estaba por fuera.

bañador

Me he sentido muy estúpido a pesar de que probablemente nadie se ha dado cuenta. Llevaba en el centro poco más de una hora: unos largos en la piscina, un rato en la sauna y después masaje y relajación en la pequeña piscina de los ‘chorros’. Supongo que el ‘sentido del ridículo’ es una de esas cosas que todos compartimos en mayor o menor grado.

En momentos así descubrimos lo poco que somos. Cuando, de una manera completamente consciente, observamos lo ridículo de nuestros movimientos, la contradicción entre nuestros anhelos y la realidad, la deficiencia de nuestras costumbres. Me he sentido, de repente, como si el mundo se me hubiera caído encima. Grotesco. Pero, al mismo tiempo, me ha invadido una felicidad inesperada. Apenas ha sido un momento. Nada me complace más que la percepción de mi propia imperfección.  ¿Tiene sentido?

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