10 DISCOS CONTRA LA DEPRESIÓN (O PARA QUEDARTE A VIVIR EN ELLA)

Syd Barrett 3

Estaba en Londres durante una fiesta de fin de curso como profesor de español y se me acercó un chaval con el que rápido entablé conversación. No tardamos en zambullirnos en el terreno musical que ambos parecíamos amar y después de sondear fobias y filias, y también de unos tragos, nos dirigimos al meollo al que parecía destinado nuestro encuentro. Creo que fui yo quien le reté primero. Dime tus mejores discos para vivir la depresión. Esos discos que parecen hechos para y desde la desolación, tristes, sí, pero también fortalecedores y edificantes, oscuros pero aliviadores, discos que son medicina, refugio, píldoras de salud, paraísos contra la oscuridad. Discos desde la tristeza pero que producen felicidad, placenteros como el mejor sexo para momentos en que este deja de existir porque no se puede masturbar el alma. Discos que te salvan de la depresión a base de rebozarte a gusto en la miseria. O quizás un disco triste no sea otra cosa que una paja del espíritu. Aquí tienes mis diez mejores discos depresivos más un añadido en nuestra lengua. Muchos de ellos ya estaban en aquella lista que le aventuré a aquel amigo de un día.

1) TV PERSONALITIES, “The Painted Word” (1984). Dan Treacy nos ha dejado una decena de grandes discos desde que debutara en 1978 en plena oleada punk. En este su cuarto disco no deja de gritar, al mundo y a sí mismo, en medio de una Inglaterra dura y hostil. Un disco redondo, rabioso y descarnado que te invita a salir a la calle, descubrir un espejo, mirarte y romperlo. “I wish I was happy all of the time…”


2) BIG STAR, ‘Third / Sister Lovers’ (1978). El mejor pop y el mejor soul blanco, Stax y Nueva Orleans, los Beatles y los infiernos. El disco fue producido en 1974 por Jim Dickinson en plena separación de la banda. Es casi un disco en solitario de Alex Chilton y no fue editado hasta cuatro años después. Un disco inagotable que nunca me cansaré de escuchar.

3) JOHN CALE, ‘Music for a New Society’ (1982). El genio galés es impredecible. El disco suena como grabado en el cuarto más acogedor de una catedral. Un Dios Bach en zapatillas tocando el piano mientras nos susurra y grita al oído. En la versión original se incluye una grabación de su madre cantándole una canción popular por teléfono que quita la respiración. Lo escucho mientras estoy de guardia con mi corazón.

4) NICK DRAKE, ‘Pink Moon’(1972). El tercer y último disco del inglés es tan oscuro como el averno. Nada de instrumentaciones. Hay sólo voz, guitarra, algún detalle de piano. Sus metáforas son más afiladas que un buen cuchillo de cocina. Si escuchas el disco en la edición de 1979 que incluye su último EP con el perro de ojos negros ladrando mientras él sigue colgado en una estrella, la experiencia ya es, si no sublime, sí de una belleza infernal. Y esa manera tan única que tiene Drake de tocar la guitarra.

5) LOU REED, ‘Berlin’ (1973). Este es el molde con el que se crea todo un estilo. Un disco desolado, extraño; desde las entrañas. Reed recupera algunos temas antiguos (algunos se retrotraen a la Velvet) y presenta una ópera trágica en estado puro. No se puede escribir algo más gélido que ‘The Bed’. Años más tarde, con ‘Magic and Loss’ (1992), Reed me arrancaría el corazón pero eso merecerá una entrada aparte. Hace tanto frío en Alaska.

Un reposo para echarle unas risas a la desolación.

La serie ‘Father Ted’ fue muy popular a mediados de los años noventa en Inglaterra y contaba la vida de tres curas católicos que comparten una parroquia rural en la Irlanda perdida. Nunca olvidaré una de sus escenas. Uno de los párrocos sale radiante a enfrentarse a un nuevo día. Sube al autocar. El conductor le pone la radio. Suena ‘Exit Music’ de Radiohead. La expresión del cura, del gozo a la desolación en unos segundos, es todo un poema. (Nada contra Radiohead. El disco ‘The Bends’ podría haber estado listado aquí).


6) RED HOUSE PAINTERS, ‘Bridge’ (1993). El grupo de Mark Kozelek grabó dos discos majestuosos en 1993. Ambos sin título y procedentes de las mismas sesiones de grabación se editaron con apenas meses de diferencia y acabaron por ser conocidos por las fotografías de las portadas: ‘Rollercoaster’ y ‘Bridge’. Aunque el primero contiene la inolvidable ‘Katy Song’, yo me quedo con el segundo. No me pregunten por qué. Soy una roca, soy una isla. Kozelek sigue regalándonos maravillas con Sun Kil Moon.

7) SIBYLLE BAIER, ‘Colour Green’ (2006). Esto es un descubrimiento tardío pero lo es para casi todo el mundo. Son grabaciones caseras de principios de los 70 realizadas por Sibylle Baier, una actriz alemana que aparece en las primeras películas de Wim Wenders aunque pronto se retiró del cine. Treinta años después su hijo reunió estas canciones como un regalo para la familia. Le hizo también llegar una copia a J. Mascis de Dinosaur Jr quien a su vez se la pasó al sello Orange Twin. Es un álbum tierno, atmosférico, salido de ese tipo de acordes con los que se alimentó Nick Drake escuchando a su madre al piano. Mi hija. Mi hijo. Exóticamente evocativo y profundo.

8) NEIL YOUNG, ‘Tonight is the Night’ (1975). He dudado mucho entre este y ‘On the Beach’ (1974). Pero este sexto disco grabado en gran parte en una sesión de un día de verano de 1973 encaja mejor con el espíritu de este artículo. Young recuerda a sus colegas Danny Whitten y Bruce Berry, recientemente fallecidos por la heroína. El disco suena pantanoso y sabe a cruda desolación. Canciones prestadas. Neil. Ni un paso atrás y sin excusas.

9) SPIRITUALIZED, ‘Ladies and Gentlemen We Are Floating In Space’ (1997). Jason Pierce se saca este pedazo melocotón del ala en este su tercer álbum con su grupo. Un disco que recorre toda la gama de sensaciones, desde el lado más ruidoso de unos Swans hasta el pop chicle de The Monkees, sin olvidar la colaboración estrella de todo un Dr. John. La música es un océano que te lleva en volandas, ahora tempestad, luego calma. Adoro empaparme en sus olas.

10) AMERICAN MUSIC CLUB, ‘Everclear’ (1991). En la voz de Mark Eitzel encuentro algo de mago, también de domador de leones. Este su quinto álbum muestra un grupo intenso y atormentado pero que no cierra la puerta a la ironía y la sorpresa. El mago Eitzel nos invita a hacer el paso del cangrejo junto a él. Y lo hacemos. La tormenta de ‘Sick of Food’ no ha dejado nunca de caer sobre mi cabeza.

 

EXTRA DE LA CASA (Porque quiero, puedo y me da la gana)

ANTONIO VEGA, ‘3000 Noches con Marga’ (2005). El mejor disco en solitario (no sé ya si las mejores canciones) del madrileño y también, tristemente, el último. Antonio compone, mete casi todos los instrumentos, produce, en la titánica empresa de regresar a la vida, ya sea un momento, a Marga, su pareja recientemente fallecida. Y de paso, a sí mismo. Su voz aquí ya es otra pero, si cabe, más emocionante y conmovedora. Un disco medicinal y profundo. ¡Y esas guitarras! “Ojala me condenaran a la niñez”.

Estos son mis discos depresivos favoritos. Se me han quedado muchos fuera (tenía un primer listado de unas cincuenta grabaciones). ¿Cuáles son los tuyos?

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